El duelo por la partida de su hermano, en 2020, le trazó a Sebastián Solarte el camino del servicio público que, ya desde su temprana formación como administrador público territorial en la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP), en la territorial Nariño y Alto Putumayo, empieza a rendir frutos para su comunidad, en Colón, Nariño, un municipio fundado hace 120 años, con casi 9000 coloneses distribuidos entre Génova, su cabecera, y las 34 veredas que conforman sus cuatro corregimientos, una geografía a la vez estratégica y marginal, la combinación perfecta para el asentamiento y operación de las economías ilegales y de los actores armados que, desde los ochenta, se pelean por usufructuarlas.
Sebastián, el menor de siete hijos criados solo por su madre, está convencido de que la vida de su hermano la segó la ignorancia de una comunidad que, sin tener consciencia de ello, les concede el poder a los aliados de intereses criminales. Esa convicción lo ha impulsado a investigar las condiciones sociales de la violencia en su entorno inmediato y, con fundamento en sus constataciones, emprender acciones concretas y eficientes en búsqueda de la paz. Hizo parte del equipo que, en la región, acompañó a la Comisión de la Verdad, una institución creada por el Acuerdo Final de Paz para cumplir la tarea de documentar las causas del conflicto y formular recomendaciones para su resolución.
Con la orientación de la profesora Yudy Zambrano, de la asignatura ‘Problemática pública territorial’, «lo que yo hice fue investigar cuántas y cuáles de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad se han implementado en la región», explica Sebastián: «Y encontré que casi nada. Los servidores públicos locales prácticamente no conocen el Acuerdo ni las recomendaciones de la Comisión, que, entre otras, propone formar a los jóvenes sobre la historia y las causas del conflicto colombiano, para crear consciencia en la sociedad y evitar la repetición», precisa.
De allí nace su proyecto ‘Legado para la no repetición’, que ha consistido en poner en marcha, desde la lúdica, una serie de actividades educativas, a los estudiantes de los colegios, para que conozcan los orígenes de los muchos desgarramientos de este país, para sentar las bases sólidas de eso que, con tanta frecuencia, pero también tan gaseosamente, llamamos “cultura de paz”. Así, pues, en 2024, empezó estos procesos pedagógicos con los estudiantes del grado 11.o de la Institución Educativa Nuestra Señora del Rosario de Villanueva, y, para este 2025, proyecta la ampliación de la cobertura a los cuatro colegios del municipio.
«La razón por la cual escogí este tema está en mi formación, pues he aprendido que la historia colombiana ha estado atravesada por el conflicto armado, que ha profundizado la desigualdad y el rezago en los territorios», precisa Sebastián, y complementa: «Por lo tanto, la construcción de paz, para mí, es la base del desarrollo territorial»
Ante los reparos que aluden a las condiciones estructurales del conflicto como sus verdaderas causas, tales como las amplias brechas económicas, la ausencia de Estado o, incluso, las barreras geográficas, condiciones que harían parecer inocuos, por ingenuos, los esfuerzos para inculcar la paz en cada corazón, Sebastián responde: «Sí, es cierto, pero eso no es razón para quedarnos de brazos cruzados. Es satisfactorio cuando los estudiantes, al final del taller, me manifiestan su agradecimiento por compartir con ellos los conocimientos, cuando me dicen que nunca tomarían un arma para solucionar un conflicto ni pensarían en unirse a un grupo armado con fines políticos», y añade que muchos de estos jóvenes —como el mismo Sebastián— «han vivido en carne propia los desastres de la guerra, pero desconocían la historia del conflicto. En conclusión, se logró fortalecer los conocimientos en temas sociales y, a la vez, crear una conciencia colectiva y de apropiación del territorio».
¿Le ha acarreado intimidaciones o riesgos para su vida su labor de concientización con estos muchachos? «No. Nunca he recibido notas amenazantes, la verdad. Pero hay otras formas de aniquilar estas iniciativas, como, por ejemplo, el demérito, la desvalorización, la invisibilización, el desprecio y la indiferencia. A veces me dicen, por ejemplo, “¿Es que no tiene nada mejor que hacer?”. Con eso sí me he encontrado, tristemente, no hay apoyo».
De allí la importancia del reconocimiento que su Escuela, la ESAP, el alma mater del servicio público, le otorgó al cierre de la Cuarta Cátedra Nacional Esapista ‘Guillermo Nannetti Concha’ y, en convenio con la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), Segunda Cátedra para la Paz, en cuya sesión de clausura, el pasado 3 de junio, en el auditorio Camilo Torres, de la sede central, en Bogotá, junto con esapistas de otras territoriales, Sebastián expuso, con un video, con su propia presencia y su viva voz, su ‘Legado para la no repetición’. Lo que sí debe repetirse una y otra vez, indefinidamente, es la formación de las nuevas generaciones sobre su pasado para la afirmación de la memoria colectiva, porque, como el aforismo que recuerda y reitera Sebastián, «quien no conoce su historia está condenado a repetirla».
Cambiar el sino de su comunidad: ese es el sueño y el esfuerzo de Sebastián, administrador público en formación, servidor por vocación, pedagogo de ocasión y financista por afición, quien, ya en el plano personal, proyecta su vida entre números, presupuestos y planes de inversión para el desarrollo territorial. ¿Futuro alcalde de Colón, gobernador de Nariño —por qué no—, asesor en algún ministerio en Bogotá, a qué aspira después de graduarse?, le preguntamos. «Solo sé que quiero seguir trabajando aquí, en mi entorno, para mi comunidad, no pienso en Bogotá», responde, quizás sin atreverse a reconocer su verdadero talento ni los menesteres para los cuales está hecho.
De cualquier modo, con el futuro prometedor que augura para sí mismo y para su gente, también le preguntamos por el clásico dilema en un contexto conflictivo como en el que él ha crecido y vivido: ¿inversión para robustecimiento de la fuerza pública o para el mejoramiento de la vida de la gente? «Mmm… difícil pregunta… —admite— Yo solo sé que allí donde las personas tienen salud, educación y bienestar, no hay guerra», concluye, con la visión del servidor público que ya es y que, sin duda, crecerá.
Boletín No. 008 – San Juan de Pasto 09 de junio de 2025
Dirección Territorial Nariño – Alto Putumayo
Redactó: Miryan Patricia Montilla Moncayo
Editó y aprobó: Juan Guillermo Arias Marín


