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José Solorzano: un matemático que trasciende las fórmulas 

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Las matemáticas en la administración pública no solo permiten hacer cálculos; para José Solorzano son una plataforma para practicar una enseñanza humana y alejada del infundado miedo hacia los números. 

Solorzano Movilla no enseña matemáticas: enseña a ver con otros ojos. En un país que necesita más servidores públicos éticos y más educación con propósito, su labor no solo es valiosa, es urgente. Foto: Jeffry de Jesús AlmaralesNieto. 

Por Jeffry Almarales Nieto  
Comunicaciones ESAP, Dirección Territorial Atlántico, Cesar, Magdalena y La Guajira. 

A José Gregorio Solorzano Movilla no le basta con enseñar matemáticas: quiere que sus estudiantes les pierdan el miedo, las abracen y las usen como herramienta para transformar lo público. Lo suyo no es una cátedra magistral, sino una apuesta pedagógica, porque para él la educación no es solo transmisión de saberes, es también un acto de esperanza y justicia social. 

Una vocación que no se hereda, se cultiva

José nació en Venezuela, pero su historia se escribió entre las calles de Malambo (Atlántico) y los pasillos de universidades públicas. Hijo menor de siete hermanos —el único profesional de su núcleo familiar—, José creció en un hogar donde el estudio no era una tradición, pero sí una meta sembrada con firmeza. “Mi mamá me contaba que, siendo un bebé, jugaba con los libros de un profesor universitario. Él le dijo: ‘Este muchachito tiene algo. Tiene que ser universitario’”, recuerda. 

Desde entonces, su vida giró alrededor de un mandato familiar no impuesto, sino alentado con amor: estudiar para “ser persona”, como decía su madre. Su padre, a pesar de no terminar la primaria, era un ávido lector y sindicalista, convencido de que la formación académica abría puertas. “Fue un proyecto de familia. No me decían que estudiara para ser alguien, sino para tener oportunidades y plenitud”. 

La ciencia como camino, la docencia como destino

José es licenciado en matemáticas y física de la Universidad del Atlántico, es magíster en matemáticas por la Universidad Estadual Paulista de Brasil y doctor en educación matemática de la Universidad Antonio Nariño, con el respaldo de una beca del Ministerio de Ciencia, Tecnologia e Innovacion (MinCiencias). Además, es investigador senior —la más alta categoría en el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI)— y ha dedicado más de 15 años a la docencia universitaria. 

Empezó a enseñar siendo muy joven, apenas egresado; a veces ve su profesión como una bendición, otras como una deuda social. “Siento que me faltó trabajar con niños. Ahí es donde se debe sembrar el amor por la ciencia, por descubrir, por inventar. Tal vez cuando me jubile monte un colegio para trabajar eso”, comenta Solórzano. 

Para este docente investigar es una manera de mirar al mundo desde otra perspectiva. Desde sus años como estudiante de pregrado ya se notaba su interés por acercar la ciencia a la vida diaria; como ocurrió con su primer trabajo de grado, que tituló Galileo, en el que planteó el abordaje de conceptos físicos a través de experimentos sencillos, apostándole a una enseñanza más viva y menos rígida que la tradicional. 

Como docente universitario, José ha acompañado trabajos de grado como tutor en temas diversos, pero con un mismo hilo: están ligados a las realidades concretas de los territorios. Ha guiado investigaciones que analizan la educación en municipios apartados, la manera cómo se gestiona lo público a nivel local e incluso la historia poco contada de cómo desaparecieron los pequeños productores en la Zona Bananera del Magdalena. Para él, una tesis no debería verse como un simple requisito, sino como una manera de pensar el país desde contextos sociales diversos. 

Actualmente, Solorzano sigue desarrollando y orientando investigaciones, esta vez como miembro del grupo de investigación Mokaná, de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) en el Atlántico que, coincidencialmente, lleva el nombre de una etnia indígena de Malambo, municipio en el que residió durante muchos años.

La matemática de la administración pública 

En 2021, luego de presentarse por segunda vez al concurso docente, José ingresó a la ESAP. Su llegada fue el resultado de un proceso riguroso de preparación y autoconocimiento. “Venía de la ingeniería y la educación, pero tuve que sumergirme en esta área. Me dediqué a estudiar cómo funcionaba la Escuela, qué producía, cómo era su estructura. Y eso me dio herramientas para pasar el concurso y, sobre todo, para sentirme parte de este proyecto”, recuerda el docente.

Desde entonces, encontró una pasión particular: demostrar que la matemática no es ajena a lo público, sino esencial para comprender y resolver sus problemas. “La matemática en la administración pública no debe verse como una materia fría o distante. Se trata de formar resolutores de problemas, porque para eso se forma el administrador público”, subraya. 

Con esa premisa en mente, impulsó junto a la docente Wendy Lorraine De León Zamora la creación de un curso abierto y virtual que acerca los conceptos básicos de las matemáticas a los aspirantes y estudiantes de la ESAP. “Es un curso de libre acceso que se puede hacer cuantas veces se quiera. Buscamos que el estudiante descubra que la geometría tiene que ver con el ordenamiento territorial, o cómo las reglas de tres se relacionan con inversiones públicas”, explica José. 

Precisamente, uno de los temas que más le preocupan —y que ha venido abordando desde su experiencia como docente e investigador— es la crisis de las matemáticas en la educación colombiana.“Nos hemos acostumbrado a que la mayoría le tenga miedo a los números y eso no debería ser normal”, dice con firmeza. Y no se equivoca. Los resultados de los Exámenes de Estado de la Calidad de la Educación o Pruebas Saber 11 muestran que el desempeño en esta área de conocimiento es bajo, en especial en los colegios públicos de la región Caribe.

Para Solorzano, esa dificultad no es solo un problema académico, sino una de las causas del abandono universitario. Muchos estudiantes llegan a las aulas con vacíos grandes en matemáticas y lectura, lo que les impide avanzar en sus programas. No se trata de falta de inteligencia, aclara, sino de condiciones previas que no les dieron las herramientas necesarias. Y ahí, dice, el sistema tiene una deuda pendiente. 

El profesor Solorzano trabaja con sus compañeros docentes en la generación de estrategias en el marco de un Encuentro Académico Territorial en Barranquilla. Foto: Jeffry de Jesús Almarales Nieto.

La docencia como acto de servicio 

Más allá de los títulos y proyectos, lo que define a José Solorzano es su coherencia. Habla con convicción, enseña con paciencia y cree que la educación pública puede cambiar el país. “La ESAP hace un esfuerzo tremendo por llegar a lugares donde no llega la educación superior. Aquí se inscriben estudiantes que han estado desconectados del sistema educativo, personas mayores, líderes comunales. Enseñarles a ellos es un privilegio”. 

Y lo dice con la sencillez de quien sabe que el cambio se construye desde abajo, paso a paso, número a número. “Yo no enseño matemáticas por enseñar. Yo enseño para que comprendan el mundo que van a transformar”, enfatiza el docente. Una de sus estudiantes, Ingrid Rodríguez, reconoce su trabajo: “Valoro su perseverancia, ganas de estudiar, de siempre estar innovando e investigando para mejorar la educación. De él aprendí que la paciencia da lo que el talento no regala”.

Ese compromiso impulsa a José a pensar en el futuro con optimismo, pero también con responsabilidad. Sabe que los desafíos no terminan en el aula y por eso insiste en que el papel de la ESAP debe ir más allá de la formación técnica. “Necesitamos que el conocimiento tenga rostro humano, que nuestros estudiantes entiendan que su formación no es solo para buscar empleo, sino para construir bienestar colectivo”. Y agrega: “Mi meta es que cada estudiante que pase por mis clases pueda leer el mundo en clave numérica, pero también en clave social”.

A propósito de este objetivo, el docente recuerda el caso de una estudiante que perdió Matemáticas I. “En clases se notaba nerviosa, temerosa de equivocarse y pensaba que ya estaba perdida. Con el transcurrir del curso su forma de ser cambió: más desafiante, motivada y participativa. Es tanto su entusiasmo que ahora les enseña matemáticas a sus hijos de manera humana y a través del juego, logró superar la barrera generacional”.

En un país donde la administración pública aún enfrenta retos de eficacia, transparencia y legitimidad, contar con un docente como José Gregorio Solorzano Movilla;es un privilegio institucional, porque enseña a sumar con sentido, a restar desigualdades, a multiplicar capacidades y a dividir el poder con justicia.


Edición: Paula Andrea Grisales Naranjo 
Corrección de estilo: Paola Medellín Aranguren