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Segunda vez de la ESAP en el Carnaval de Barranquilla: La fiesta de todos también es un asunto público

A las cinco de la madrugada, mientras las calles de Barranquilla apenas se desperezan, Dolores del Carmen Bolívar Medina ya está frente al espejo. Se acomoda las flores, alisa encajes, repasa el azul profundo que surca el blanco impecable de su vestido… Casi nadie la llama por su verdadero nombre. Para quienes alternan cotidianamente con ella en la Dirección Territorial Atlántico, Córdoba, Magdalena y La Guajira de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) y para la gente del Carnaval, ella es simplemente Dolly: funcionaria desde hace treinta años, cuando ingresó como practicante de comunicación social. Hoy lidera procesos misionales de asistencia técnica territorial y de capacitaciones. Pero esta vez su liderazgo no sobresale en un salón de clase ni en una mesa técnica sino en la calle, al frente de dieciséis parejas que, juntas, ondean la tradición en la Cumbiamba Ritmo Esapista.

La cumbiamba es una de las expresiones más antiguas del Carnaval. Nació de la cumbia, ritmo mestizo que brotó del encuentro entre indígenas, africanos y europeos en la ribera del río Magdalena. Más que un género musical, la cumbia es un relato cultural: tambores africanos que retumban en el aire, gaitas indígenas que elevan el espíritu y pasos desde todas las latitudes que evocan cadenciosos el universal cortejo.

La ESAP decidió sumarse a esa tradición en 2025 y lo hizo con fuerza: ganó el premio Joselito Carnaval de Oro apenas en su debut. «Nunca pensamos ni siquiera en ganar premios», recuerda Dolly: «Nos enteramos por la noche y fue un gran orgullo». Pero antes del aplauso hubo disciplina: «Los ensayos comenzaron tres meses antes. Nos reunimos hasta dos horas diarias, incluso los fines de semana». Ella, capitana por segundo año consecutivo, tenía la misión de coordinar, animar, afinar coreografías y sostener el ánimo cuando el cansancio agobiaba.

El vestido que luce la cumbiamba es una declaración de identidad: la pollera blanca, amplia y vaporosa, simboliza la tradición; el azul institucional irrumpe como una firma contemporánea, para recordar que no es cualquier grupo, sino una escuela pública que decidió bailar. Es la cumbiamba clásica, pero con sello esapista: tradición y Estado danzando juntos.

El sábado 14 de febrero, el desfile recorrió cerca de cinco kilómetros. A las diez de la mañana ya estaban en el punto de encuentro. A las tres de la tarde arrancó la presentación, bajo un sol inclemente que, según Dolly, «apenas se sintió». «En el Carnaval no solo se presenta, sino que se disfruta. Aguantamos el sol, el cansancio, pero lo hacemos con muchísima pasión». Durante el trecho, la emoción compensó cualquier fatiga. «El cansancio se siente después, cuando llegas a casa o al día siguiente, porque durante el recorrido la emoción es tan grande que solo piensas en bailar y disfrutar».

La Cumbiamba Ritmo Esapista ya no es una novedad: es una apuesta cultural que se proyecta al futuro y proyecta a la Escuela como una institución que no solo forma administradores públicos sino ciudadanos imbuidos en la idiosincrasia de su territorio. El desafío ahora es sostener el ritmo. Repetir la hazaña, volver a hacer vibrar el blanco y el azul en las calles barranquilleras.

Para escuchar toda la historia de la cumbiamba, no te pierdas el especial en Conexión Territorial, con un clic aquí, en Radio ESAP.

Boletín 2 – Barranquilla, miércoles 4 de marzo de 2026
Dirección Territorial Atlántico, Cesar, Magdalena y La Guajira

Redactó: Jeffry Almarales Nieto
Editó y aprobó: Juan Guillermo Arias Marín