La visión del Estado como un gran aparataje estático, hecho de oficinas centralizadas en enormes edificios viejos, fríos y oscuros que guardan voluminosos y polvorientos archivos es una imagen que queda completamente desvirtuada ante la evidencia del numeroso y deliberante auditorio de servidores públicos, representantes de la vida universitaria nacional y extranjera y del sector privado reunidos en el ‘Décimo Congreso Internacional de Meritocracia 2036: Una agenda en construcción’, un escenario académico, con la participación de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) ―entre otras destacadas instituciones de educación superior colombianas e iberoamericanas―, un espacio concebido para debatir sobre el papel del mérito en la construcción de instituciones más eficientes, innovadoras y cercanas a la ciudadanía.
«Es gratificante ver cómo ha crecido la conversación sobre el mérito», expresó, en la instalación del encuentro, Sixta Zúñiga Lindao, comisionada presidente de la Comisión Nacional del Servicio Civil (CNSC): «Hace diez años, cuando empezó esta gran apuesta de la CNSC, asistían cincuenta o cien personas a cumplir una tarea, a cumplir la cita con el mérito en el país», recordó la dignataria, quien, además, constató: «Hoy vemos cómo hemos crecido en el debate y, lo más importante, en el interés: somos más de cuatrocientas personas en este auditorio, sin contar con las que están conectadas en redes y a través de streaming, gracias a la ESAP», a cuyo director nacional, Nerio José Alvis Barranco, también agradeció «su compromiso con la formación y el fortalecimiento de las capacidades del Estado», factor de impulso a la cultura del mérito en Colombia, el fundamento para pensar en el futuro de las instituciones públicas, el acceso igualitario al empleo público y las capacidades que requerirá el Estado en los próximos años.
Uno de los momentos centrales de la jornada fue la conferencia magistral deAlvis Barranco, quien, además de celebrar la elección de la capital atlanticense para la celebración del evento, planteó la necesidad de construir una nueva arquitectura institucional para responder a los retos del Estado del año 2036. En su intervención presentó una propuesta basada en una gobernanza sistémica del mérito que contribuya al fortalecimiento del Estado y al desarrollo económico y social del país. Planteó una visión sustentada en la planeación y financiación multinivel, el acceso oportuno y transparente al empleo público, el desarrollo y aprendizaje permanente de los servidores, el desempeño orientado al valor público, la integridad, la trazabilidad y el fortalecimiento de capacidades territoriales y digitales.
Alvis Barranco también indicó que el mérito no debe limitarse a la superación de una prueba de ingreso. Por el contrario, sostuvo que la permanencia en el servicio público debe estar acompañada de procesos de aprendizaje continuo, evaluación de competencias y mejoramiento permanente del desempeño. Otras voces expertas coincidieron con que los exámenes de selección de los servidores públicos son solo el inicio de un proceso meritocrático, sin que se agote allí: Zúñiga Lindao había propuesto que el mérito fuera «todo un ecosistema», una política pública de Estado, trascendente de gobiernos y de vigencias, amparada por destinaciones presupuestales ordenadas por el Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes) y fundamentada en un indicador de meritocracia que permitiera valorarla objetivamente. Por su parte, en la misma lógica, Leonardo Huerta Gutiérrez, director general del Departamento Administrativo de la Función Pública (DAFP), invitó a repensar el concepto de mérito desde una perspectiva orientada al cumplimiento de funciones públicas y no únicamente a la provisión de empleos dentro de la estructura administrativa del Estado: «El mérito tiene que ser la comprobación y demostración de las condiciones y cualidades para el cumplimiento de una función y no para la ocupación de un cargo», afirmó Huerta, al destacar la necesidad de avanzar hacia modelos más flexibles y funcionales que permitan responder a las demandas de una administración pública moderna.
Huerta Gutiérrez también señaló que el empleo público no debe entenderse como un fin en sí mismo, sino como un instrumento para garantizar derechos y generar valor público. En ese sentido, hizo un llamado a revisar las estructuras tradicionales de gestión del talento humano y a fortalecer una visión centrada en las capacidades que requiere el Estado para cumplir su misión.
Con esta, su décima edición, el Congreso Internacional de Meritocracia 2036 se sigue consolidando como el foro de reflexión por excelencia sobre los desafíos presentes y futuros del servicio público, al promover más que nunca el intercambio de experiencias y la construcción de nuevas miradas sobre el mérito como principio fundamental para el fortalecimiento institucional y la modernización del Estado colombiano.
Equipo Asesor de Comunicaciones
Escuela Superior de Administración Pública (ESAP)



