«Los buenos somos más», suele decirse frecuentemente, como una forma de infundir esperanza social ante flagelos persistentes como la violencia, el clasismo o la corrupción, entre otros. Y si el aserto es verdadero, entonces también es mayoritaria la porción de personas que alguna vez se han preguntado qué pasa por la cabeza de quienes conforman esa minoría de “malvados”, presuntos causantes de todos los infortunios sociales. La respuesta puede encontrarse a lo largo de las 145 páginas que abarca ‘Psicopatía de la corrupción. El monstruo que llevamos dentro’, el más reciente libro de la psicóloga Cecilia Esther Payares Medina, también administradora pública egresada de la Dirección Territorial Santander de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP), quien igualmente se planteó la cuestión a sí misma y, fruto de su investigación en varios países de Latinoamérica, presentará a la ciudadanía interesada su mencionada obra, un análisis de los perfiles, actos y tendencias de los corruptos, desde un enfoque psicológico que incluye su caracterización anterior al ejercicio del poder y de la administración de los bienes comunes. La cita con la autora esapista es el próximo martes 14 de abril, a las 4:00 p.m., en las instalaciones de la ESAP Santander, en la carrera 26 # 30-70, frente al parque de Los Niños en Bucaramanga.
Para Payares Medina, la psicopatología de la corrupción se define como «un proceso mórbido y disfuncional, frecuentemente impulsado por una tríada oscura compuesta por la psicopatía, el narcisismo y el maquiavelismo. A su vez, se caracteriza por la baja empatía, un remordimiento nulo hacia los actos errados o perversos, la necesidad de poder y la racionalización de actos inmorales». El corrupto, en palabras más coloquiales, cree que todo se lo merece, es decir, se diría a sí mismo algo por este estilo: «Tengo este cargo gracias a mis propios méritos, debo aprovecharlo igual que otros, tan astutos como yo, también lo hacen, sin los titubeos cobardes de los santurrones que se autodenominan “honestos”. Y en cuanto al resto de la sociedad, estoy tomando de ella la justa retribución que me debe, sin importar lo que diga una tonta ley». Tras casi cinco años de investigación exhaustiva, Payares Medina afirma que esta psicopatía obedece asimismo «a una conducta progresiva que anestesia la conciencia moral, a menudo motivada por la codicia y el reconocimiento».
De esta forma, en su obra presenta características principales de la personalidad de los corruptos, así como también los factores socioambientales que pueden influir a propiciar el desarrollo de una personalidad proclive a los actos malévolos. De acuerdo con la investigadora, las personas corruptas tienen una mente definida por rasgos antisociales, delirio de grandeza, astucia e hipocresía, lo que los lleva a justificar sus actos racionalizando la deshonestidad y minimizando la culpa, en busca de poder, riqueza y reconocimiento, entre otros.
¿Por qué su curiosidad sobre este tema?, Payares Medina asegura que las acciones contrarias a la probidad en la administración pública carecen de atención médica y/o psicológica pues, aparentemente, no existe conexión alguna entre ambas prácticas. Sin embargo, los resultados expuestos a lo largo de su obra demuestran lo contrario. Las enfermedades mentales tienen un gran impacto en los grupos de personas al servicio de lo público, y crecen como males silenciosos que afectan el desempeño estatal. El origen de la mente corrupta, afirma, se remonta hasta la misma etapa de la gestación, traumática en numerosos casos: «Millones de embarazos no planeados se traducen en millones de seres cargando heridas de abandono, rabias contenidas y torrentes de cortisol [la llamada “hormona del estrés”] en lugar de paz», explica. Y se pregunta y se responde a sí misma, para complementar: «¿Qué tiene esto que ver con la administración pública? Todo. No se puede administrar lo ajeno si no se sabe gobernar lo propio […]. Todos tenemos rasgos asociados a la psicopatía, y reconocerlos es el único camino para que haya menos violencia, menos venganza y menos corrupción».
¿Implicarían los hallazgos de la investigadora que quienes cometen delitos contra la administración pública ―prevaricadores, coimeros, ladrones de cuello blanco, traficantes de influencias y demás― merecerían ser sometidos a terapia psiquiátrica en lugar de ser sindicados, enjuiciados y condenados en un tribunal? Conocer la respuesta a esta pregunta es una motivación más que suficiente para conversar con Medina Payares, este martes 14 de abril a las 4:00 p. m., en la Dirección Territorial Santander de la ESAP. Y, claro, también para leer ‘Psicopatía de la corrupción’, su libro, editado por Escuela de Autores y disponible para adquisición en web, en diferentes soportes.
Boletín 4 – Bucaramanga, 7 de abril 2026
Dirección Territorial Santander
Redactó: Vanessa Quintero Muñoz
Editó: Juan Guillermo Arias Marín


