En un país donde la confianza en lo público sigue siendo una conquista pendiente, el X Congreso Nacional de Empleo Público, “El poder de la meritocracia, motor de equidad, inclusión y confianza ciudadana”, abrió un diálogo social siempre pertinente: ¿qué se entiende por ‘mérito’, por qué es importante y quiénes están llamados a fomentarlo y cómo deberían hacerlo? En el centro de esta conversación estuvo la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP), no solo como aliada académica sino también como una voz que convoca a repensar la meritocracia más allá de los exámenes y los concursos. Porque, como quedó evidenciado a lo largo de la jornada, el mérito ya no puede entenderse únicamente como un procedimiento técnico, sino como una construcción social.
Generalmente se pierde de vista el hecho de que algunos de los más célebres servidores públicos de la historia moderna nunca tuvieron acreditaciones académicas: George Washington ―uno de los padres fundadores de los Estados Unidos― o Abraham Lincoln ―quien luego aseguró que se mantuvieran así, unidos, y liberó a los esclavos―, por mencionar solo dos. Y si se quiere hablar de personajes más actuales, Evo Morales, en Bolivia; o Nayib Bukele, hoy presidente de El Salvador, ejemplificarían cómo, desde dos perfiles diametralmente opuestos, el mérito quizás podría consistir en haber podido conquistar el liderazgo y, desprovistos de cualquier pergamino académico, haber sido capaces de dirigir cambios profundos en sus sociedades. Incluso la reina Isabel II de Inglaterra, figura que encarna todo lo contrario del mérito ―los privilegios de cuna―, sin haber pasado nunca por una universidad, es frecuentemente destacada como modelo del servicio público más largo y abnegado de los tiempos recientes.
Formar servidores públicos no es solo enseñar administración, sino también construir criterios éticos, sensibilidad social y compromiso con lo público. «Tenemos una responsabilidad mayor», afirmó Jorge Iván Bula Escobar, director nacional de la ESAP, al insistir en la necesidad de preparar servidores con altos estándares y, sobre todo, con vocación de servicio.
Posteriormente, durante el conversatorio “¿Quién posiciona el mérito en Colombia? El poder de la academia y los medios de comunicación en la construcción del reconocimiento social”, en el que participó la ESAP, académicos, periodistas y líderes del sector público coincidieron en un punto: el mérito no se cifra en los formularios ni en las normas sino que vive ―o muere― en la confianza ciudadana. Desde esa perspectiva, Óscar Guillermo Niño del Río, subdirector de Proyección Institucional de la ESAP, indicó que «El ejercicio del mérito es sistémico y variable. En él confluyen distintos actores: Estado, academia, entes de control, organizaciones sociales y ciudadanía. Ninguno lo sostiene solo».
Asimismo, destacó que los procesos abiertos, objetivos y racionales no solo seleccionan talento, sino que también fortalecen la transparencia y la legitimidad institucional: «Cuando un concurso se opera bien, se generan dinámicas que transparentan el proceso. El conocimiento deja de estar encerrado y se construye de forma participativa, con aportes de todos los actores involucrados».
Hablar de mérito hoy implica, hoy, hablar de inclusión. No basta con abrir mil convocatorias dirigidas a toda una población en la que persisten las condiciones de desigualdad social. Por eso, como lo subrayó el director Bula en sus palabras de apertura, hay que «nivelar el terreno de juego»: formar capacidades, ampliar oportunidades y reconocer las diferencias territoriales y sociales que históricamente han limitado el acceso al empleo público.
La diferencia, como quedó claro, no está solo en las normas, sino en la capacidad de construir confianza, de narrar con mayor sentido las experiencias del servicio público y de formar servidores que comprendan que el mérito no es un privilegio del cual ufanarse y lucrarse personalmente, sino un compromiso y una deuda con la ciudadanía. En esa tarea, la ESAP no solo participa: lidera la formación de un servicio público más íntegro, cercano y legítimo.
Bogotá, sede central, jueves 28 de mayo de 2026


